Para empezar, no es
que me gusten mucho los noticieros, pues soy de las que cada vez que veo uno lo
miro y lo escucho con cierta sospecha, tanto por su contenido como por la forma
en que lo produce, es decir, por sus características: la extravagancia de la
música, del lenguaje, de las imágenes, de los presentadores..., ¿De verdad solo
pretenden informar? O ¿será que quieren vender algo más?
No pretendo invalidar
estos espacios, los cuales predominan en los intereses de la sociedad, sino
cuestionar su calidad. Los noticieros se
han convertido evidentemente en una herramienta de comunicación que ha servido, no
sé si realmente para difundir situaciones o hechos, pero sí para construir
realidades que se inscriben dentro de un marco sociocultural. Pese a esto, es
preciso reconocer que hoy en día las noticias no son noticias, pues construyen
representaciones sin sentido que responden, en su mayoría, a intereses
comerciales que lo único que buscan es “dar de qué hablar” al público, para
atraer más espectadores. Con la finalidad de lograr sus objetivos, pasan por
encima de las personas como si fueran una mercancía.
Hace unos días me di a
la tarea de recorrer algunos noticieros
con la finalidad única de observar la manera como mostraban las opiniones de la
gente y pues, me encontré con que cada vez que entrevistaban a alguien era como
si estuvieran etiquetando un producto;
cada persona pasaba tan rápido que a veces, cortaban su discurso sin
haber terminado. Es increíble, ni siquiera se detenían a escuchar el mensaje, a analizarlo críticamente. El respeto
hace rato pasó a otro plano para los noticieros.
Las propuestas de los
noticieros se rigen más por la competitividad que se da entre los mismos,
creando así el afán de mostrar las noticias desde una perspectiva amarillista,
que busca impresionar a la gente para elevar la sintonía; la noticia no está
hecha para informar sino para dominar las sensaciones y las emociones de un
público, pasando por sus sentimientos y su dignidad como personas.
Es claro que de este
modo, la objetividad de la información se pierde, por lo que creo que la
consciencia social juega un papel prominente, pues solo al adquirir esta
habilidad se puede preguntar si se escucha realmente lo que es. De lo
contrario, si se tiene un papel pasivo, lo que se logra es estar dentro de unas
lógicas que manipulan la manera de entender la realidad.
No hay que tragar entero todo lo que aparenta ser verdad.
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