domingo, 9 de octubre de 2016

Con mirada crítica

Para empezar, no es que me gusten mucho los noticieros, pues soy de las que cada vez que veo uno lo miro y lo escucho con cierta sospecha, tanto por su contenido como por la forma en que lo produce, es decir, por sus características: la extravagancia de la música, del lenguaje, de las imágenes, de los presentadores..., ¿De verdad solo pretenden informar? O ¿será que quieren vender algo más?     

No pretendo invalidar estos espacios, los cuales predominan en los intereses de la sociedad, sino cuestionar  su calidad. Los noticieros se han convertido evidentemente en una herramienta de comunicación que ha servido, no sé si realmente para difundir situaciones o hechos, pero sí para construir realidades que se inscriben dentro de un marco sociocultural. Pese a esto, es preciso reconocer que hoy en día las noticias no son noticias, pues construyen representaciones sin sentido que responden, en su mayoría, a intereses comerciales que lo único que buscan es “dar de qué hablar” al público, para atraer más espectadores. Con la finalidad de lograr sus objetivos, pasan por encima de las personas como si fueran una mercancía.

Hace unos días me di a la tarea  de recorrer algunos noticieros con la finalidad única de observar la manera como mostraban las opiniones de la gente y pues, me encontré con que cada vez que entrevistaban a alguien era como si estuvieran etiquetando un producto;  cada persona pasaba tan rápido que a veces, cortaban su discurso sin haber terminado. Es increíble, ni siquiera se detenían a escuchar  el mensaje, a analizarlo críticamente. El respeto hace rato pasó a otro plano para los noticieros.   

Las propuestas de los noticieros se rigen más por la competitividad que se da entre los mismos, creando así el afán de mostrar las noticias desde una perspectiva amarillista, que busca impresionar a la gente para elevar la sintonía; la noticia no está hecha para informar sino para dominar las sensaciones y las emociones de un público, pasando por sus sentimientos y su dignidad como personas.    

Es claro que de este modo, la objetividad de la información se pierde, por lo que creo que la consciencia social juega un papel prominente, pues solo al adquirir esta habilidad se puede preguntar si se escucha realmente lo que es. De lo contrario, si se tiene un papel pasivo, lo que se logra es estar dentro de unas lógicas que manipulan la manera de entender la realidad.  

No hay que tragar entero todo lo que aparenta ser verdad. 

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