sábado, 29 de octubre de 2016

Espacios de ciudad: connotaciones

Desde la antropología se ha abarcado el concepto de monumentalidad, el cual gira principalmente en torno al concepto de ciudad: ¿cómo ésta nos da identidad? las construcciones de la ciudad son precisamente el primer acercamiento para llegar a la respuesta de tal pregunta; cada espacio representa la manera como planeamos la ciudad. Aunque es posible afirmar que no necesariamente las construcciones tienen que ser monumentales, pues a todas ellas se les va a significar de algún modo porque son creaciones que simbolizan la identidad cultural.

En el caso de Medellín, me genera cierto asombro que el propósito y el diseño que los arquitectos y los ingenieros le dan a las construcciones se planee de un modo y luego, la gente le de otro sentido a esa creación. Es decir, el arquitecto construye algo con un fin establecido, pero la gente lo utiliza como quiere. Por ejemplo, el Parque de los Pies Descalzos es un parque que, en un principio, fue construido para los ejecutivos de Empresas Públicas de Medellín, para que salieran a descansar allí después de trabajar; los chorros de agua fueron puestos para refrescar la ciudad, y la pregunta es ¿para qué los utiliza la gente? El hecho es que este lugar se convirtió en un espacio de recreación para la comunidad, pues solo basta ver la manera como las personas van a disfrutar con sus familias o amigos al parque, basta pasar por allí para confirmar que los chorros de agua se convirtieron en piscinas.  


Hacer una lectura de ciudad en Medellín es bien interesante, me doy cuenta de que la gran construcción monumental no es solo la construcción, es lo que la gente connota y simboliza.

viernes, 28 de octubre de 2016

21 gramos

Hace poco me vi  la película 21 gramos, dirigida por Alejandro Gonzáles Iñarritú, quedé tan atónita que no sabía cómo reaccionar ante ésta. Por un lado, trabaja temas que son en su esencia, complejos de asumir, explicar y entender y por otro lado, la técnica de la estructura de la película  es muy confusa, empezando porque no es lineal, pues hay un juego constante en el que presenta simultáneamente tiempos, lugares y personajes sin prevenir al espectador del cambio.   

Intentaré mencionar aquí algunos de los temas que explora la película y las preguntas o comentarios que me surgieron a partir de ellos. Quisiera algún día, desarrollar uno por uno de manera más profunda, a partir de experiencias reales, con diferentes personas para ver las perspectivas. Éstos son: el trasplante de órganos, ¿qué pasa con una persona después del proceso de un trasplante de corazón?; la muerte y el duelo, ¿de qué manera nos afectan los muertos a los vivos?; el infortunio, tan imprevisible, tan natural, que la vida puede cambiarnos en un segundo; el sentido de la vida, ¿a qué o a quién le otorgamos éste?; lo verdadero, ¿qué es lo verdadero? ¿qué es nuestro?, ¿qué nos pertenece? ¡Nada nos pertenece!

Hay una escena muy particular en la que quiero enfatizar un asunto, y es cuando están sucediendo  muchas acciones, pero la música, las voces y demás ruidos se paran, dejan de sonar; el espectador ve lo que sucede, los gestos corporales, ve que los personajes hablan, pero no puede escuchar. Esta escena es hermosa porque tiene que ver precisamente con las emociones del ser humano, tiene que ver con aquellos momentos en los que uno no quiere escuchar a nadie,  sin importar lo que pase afuera. Esta escena representa los muchos momentos en los que queremos escapar de todo lo que nos sucede, simplemente estar en paz por un momento, sin escuchar RUIDO; solo la voz interior.       

domingo, 9 de octubre de 2016

Con mirada crítica

Para empezar, no es que me gusten mucho los noticieros, pues soy de las que cada vez que veo uno lo miro y lo escucho con cierta sospecha, tanto por su contenido como por la forma en que lo produce, es decir, por sus características: la extravagancia de la música, del lenguaje, de las imágenes, de los presentadores..., ¿De verdad solo pretenden informar? O ¿será que quieren vender algo más?     

No pretendo invalidar estos espacios, los cuales predominan en los intereses de la sociedad, sino cuestionar  su calidad. Los noticieros se han convertido evidentemente en una herramienta de comunicación que ha servido, no sé si realmente para difundir situaciones o hechos, pero sí para construir realidades que se inscriben dentro de un marco sociocultural. Pese a esto, es preciso reconocer que hoy en día las noticias no son noticias, pues construyen representaciones sin sentido que responden, en su mayoría, a intereses comerciales que lo único que buscan es “dar de qué hablar” al público, para atraer más espectadores. Con la finalidad de lograr sus objetivos, pasan por encima de las personas como si fueran una mercancía.

Hace unos días me di a la tarea  de recorrer algunos noticieros con la finalidad única de observar la manera como mostraban las opiniones de la gente y pues, me encontré con que cada vez que entrevistaban a alguien era como si estuvieran etiquetando un producto;  cada persona pasaba tan rápido que a veces, cortaban su discurso sin haber terminado. Es increíble, ni siquiera se detenían a escuchar  el mensaje, a analizarlo críticamente. El respeto hace rato pasó a otro plano para los noticieros.   

Las propuestas de los noticieros se rigen más por la competitividad que se da entre los mismos, creando así el afán de mostrar las noticias desde una perspectiva amarillista, que busca impresionar a la gente para elevar la sintonía; la noticia no está hecha para informar sino para dominar las sensaciones y las emociones de un público, pasando por sus sentimientos y su dignidad como personas.    

Es claro que de este modo, la objetividad de la información se pierde, por lo que creo que la consciencia social juega un papel prominente, pues solo al adquirir esta habilidad se puede preguntar si se escucha realmente lo que es. De lo contrario, si se tiene un papel pasivo, lo que se logra es estar dentro de unas lógicas que manipulan la manera de entender la realidad.  

No hay que tragar entero todo lo que aparenta ser verdad. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Solo hablar... ¿Solo hablar?

Me genera cierta curiosidad que el asunto que ha tomado gran relevancia  para la sociedad colombiana en los últimos días, gire en torno al tema del plebiscito por la paz, por lo que ha impactado las formas de pensar de los colombianos. Pero más me ha asombrado que después de que éste tuvo lugar el día dos de octubre, y se dieron a conocer los resultados del mismo, las discusiones estallaron con más potencia aun cuando antes  del plebiscito se hacían debates, campañas y se promovía por una posición en pro o en contra de éste y no hayan surgido reacciones tan fuertes. Hoy, todos hablan del tema; en las esquinas, en los negocios, en las empresas, en los paraderos de buses, en el metro, en los colegios, en las Universidades, en los hospitales, en todos los lugares,  con o sin dominio, pero hablan, hasta tal punto de ocasionar disputas o altercados por defender una postura.

No intento estimar que eso sea bueno o malo, pues el problema no es que la gente hable, el problema radica, principalmente en el respeto hacia el otro, pues se ha hecho bastante complicado habitar en un mundo que no acepta y no tolera la diferencia ¿Cómo es posible una convivencia así? Mientras se considere que lo propio es lo único verdadero, nunca la escucha tendrá su merecida parte para la construcción de una mejor significación de las cosas. Lo que intento declarar aquí es que la escucha permite entender que hay otros horizontes, que también pueden o no tener sentido, y ésta se da cuando se respeta al otro.
La claridad que puedo hacer frente a este asunto que ha tomado un rol activo desde todos los ámbitos, es que se habla y se habla, pero no se escucha.

No significa ser ignorante o violento el que piense distinto.