Hace poco me vi la película 21 gramos, dirigida por Alejandro Gonzáles Iñarritú, quedé tan
atónita que no sabía cómo reaccionar ante ésta. Por un lado, trabaja temas que
son en su esencia, complejos de asumir, explicar y entender y por otro lado, la
técnica de la estructura de la película es
muy confusa, empezando porque no es lineal, pues hay un juego constante en el
que presenta simultáneamente tiempos, lugares y personajes sin prevenir al
espectador del cambio.
Intentaré mencionar aquí
algunos de los temas que explora la película y las preguntas o comentarios que
me surgieron a partir de ellos. Quisiera algún día, desarrollar uno por uno de
manera más profunda, a partir de experiencias reales, con diferentes personas
para ver las perspectivas. Éstos son: el trasplante de órganos, ¿qué pasa con
una persona después del proceso de un trasplante de corazón?; la muerte y el
duelo, ¿de qué manera nos afectan los muertos a los vivos?; el infortunio, tan
imprevisible, tan natural, que la vida puede cambiarnos en un segundo; el
sentido de la vida, ¿a qué o a quién le otorgamos éste?; lo verdadero, ¿qué es
lo verdadero? ¿qué es nuestro?, ¿qué nos pertenece? ¡Nada nos pertenece!
Hay una escena muy
particular en la que quiero enfatizar un asunto, y es cuando están sucediendo muchas acciones, pero la música, las voces y
demás ruidos se paran, dejan de sonar; el espectador ve lo que sucede, los
gestos corporales, ve que los personajes hablan, pero no puede escuchar. Esta
escena es hermosa porque tiene que ver precisamente con las emociones del ser
humano, tiene que ver con aquellos momentos en los que uno no quiere escuchar a
nadie, sin importar lo que pase afuera. Esta
escena representa los muchos momentos en los que queremos escapar de todo lo
que nos sucede, simplemente estar en paz por un momento, sin escuchar RUIDO;
solo la voz interior.
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