jueves, 11 de agosto de 2016

Oyente anónima

Esta mañana, durante el recorrido habitual que hago para llegar a la Universidad, escuché hablar en el metro a dos jóvenes que iban junto a mí, dejar de escucharlos se hizo ineludible debido a que el volumen de su voz era alto. Su registro lingüístico era informal, por lo que me dio a entender que la relación que tenían estos dos jóvenes era muy cercana, pues el parlache fue su vía de comunicación; debo precisar que no entendí muchas de sus expresiones. La expresividad corporal que manejaban era asaz espontánea, lo cual me divirtió mucho y entretuvo mi viaje para así hacerlo más corto.

Uno de sus tantos temas de conversación cobijó a sus profesores de noveno del año pasado. Al parecer, uno de estos jóvenes no tuvo mucho éxito académicamente ni personalmente con respecto a la relación o vínculos que estableció con ellos en un colegio x de la ciudad; no memoricé el nombre.  Algunas de las expresiones que utilizó quien tuvo la experiencia fueron: “ese cucho era mera cuchilla, solo le interesaba corchalo a uno”, “yo nunca entendía nada, por eso me aburrí y empecé a ser indisciplinado. Entonces me la montó y perdí la materia, pero cuando la reforcé, le puse toda la moral pa ganar eso y el man me puso dos punto cinco pa jodeme la vida, dizque eso estaba malo, fue lo que dijo”.

En ese momento dejé de escucharlos con atención porque dentro de mí empezaban a deambular ciertas inquietudes sobre ese tipo de maestros: ¿para qué tiene un maestro conocimiento si no le sabe llegar al estudiante? ¿cómo tener calidad educativa si los profesores no entienden la realidad de sus estudiantes? ¿cómo pueden ser tan distantes los caminos o los rumbos de un estudiante y un maestro? Pues los propósitos de los estudiantes van por un lado y los de los maestros van por otro, y estos últimos, ¿no deberían ceñirse más a encauzar los proyectos de sus alumnos?...

En fin, cuando volví a escuchar la conversación habían avanzado un poco más, pues el chico comparaba a los profesores que tuvo en el grado noveno y los que tiene ahora. Inferí de inmediato que se había cambiado de colegio y sí, pues esto fue lo que advirtió: “…nooo parce, ahora que estoy en el Ferrini veo que las cosas son muy diferentes. Los profesores lo respetan más a uno, lo consideran más, nunca lo tratan mal y comprenden mucho, pero eso es porque uno paga. Eso es lo bueno de los colegios privados, es porque uno está pagando, si no me tratarían igual que en el otro…”


En ese momento el metro se detuvo en la estación San Antonio. No obstante, debía abandonar el vagón y la conversación para abordar la línea B del metro. Precisamente escribo esto porque esta situación me hizo pensar en muchos asuntos: aparte de la experiencia tan degradante que los jóvenes abarcaron de sus profesores de un colegio oficial, también me hizo pensar en la manera como el habla se caracteriza por ser tan espontánea, ya que no se planea como debe hacerse en la escritura. Eso la hace majestuosa puesto que ese acto se hace necesariamente correcto porque cada quien habla como puede.

1 comentario:

  1. Daniela:

    Cuando empecé a analizar la parte formal de tu texto noté varias cositas; una de ellas es que te cuesta distinguir entre el uso de la coma y el punto y seguido. Te recomiendo revisar esto; también, cuando hablas de "x" colegio deberías ponerlo entre comillas.

    Ahora bien, el contenido del texto me parece maravilloso. No eres la única que disfruta escuchar conversaciones ajenas. Considero que las palabras que utilizamos en nuestro parlache amerítan un estudio intensivo acerca de como en una cultura como la nuestra influyen estas expresiones y de qué manera nos caracterizan ¿por qué las creamos? ¿cómo influyen en nuestra formación? En fin, me parece muy interesante tu texto, se vale investigar etnográficamente chismoseando.

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